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Cada vez que me despierto…

by: wecount • Sep 19, 2014

Por Miguel Bernal.

Cada vez que me despierto, me levanto con la angustia de quién puede estar afuera de la casa.  

A veces antes de salir, miro por la ventana.

Vivo con mucho estrés.  No puedo estar feliz, porque siempre ando con el miedo encima.

¿Por qué? Porque la Migración está llegando mucho a Homestead, el pueblo donde vivimos.  Andan tocando las puertas muy temprano en la mañana.  Se han llevado a muchas personas, y muchos amigos míos.  Los han arrestado con la excusa de que andan buscando a una persona con antecedentes criminales, pero cuando llegan a los apartamentos, a la hora de la verdad, muchas veces agarran a todos parejo.

Entre ellos pienso en mis amigos de Nebaj, de cultura maya-ixil.  Muchas veces por su falta de conocimiento del español, no pueden contestar sus preguntas o defenderse.  Hace poco hablé con uno de ellos.  Me dijo que cuando salía de su apartamento a trabajar, la migración lo agarró, el oficial metió la mano en la bolsa de su pantalón, sacó la llave, y abrió la puerta del apartamento sin permiso de nadie.  Ya llegando adentro, apuntó a los muchachos con su pistola, diciéndoles que no se muevan o les iba a disparar.  Al escuchar todo eso, uno no tiene palabras como explicar el espanto que causa la Migra.  Se llevaron a dos de la casa esa vez y a los otros, por suerte, los dejaron.  Los dos que llevaron no tenían record, pero todavía los llevaron.

También pienso en un muchacho de México.  Fuimos amigos, como si fuéramos hermanos, nos llevamos muy bien.  Él se fue a Miami a trabajar.  De regreso a la casa, la Migración paró la van en qué venían en la Calle 8 en Miami.  Bajaron a todos los muchachos que no tienen un ID de este país, los llevaron a un centro de detención de Migración, y los deportaron.  Él se llama Jorge.  Es buena persona.   Se dedicaba a trabajar.  Él no salía a pasear, prefería ir del trabajo a la casa, de la casa a la iglesia, de la iglesia al trabajo.  Pero a pesar de esto, todavía le tocó la mala suerte de caerse en la mano de la Migración. 

Hoy estoy compartiendo mi pensamiento con ustedes, pero no sé si mañana puedo estar en uno de los centros de detención. 

Cuando salgo de la casa, no sé si regresaré.  Solo Dios lo sabrá y Él es quién lo guarda a uno. 

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